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13 Jun

“Desde el primer momento estuvimos a vuestro lado, compartiendo vuestro dolor”, señaló en  su homilía el arzobispo de Santiago

“La pandemia nos impactó y nos descubrió signos de una humanidad que nos llenó de gratitud y de asombro” ( Monseñor Barrio)

En la iglesia de San Francisco de Santiago se celebró un funeral por las victimas de la pandemia del coronavirus al que asistieron distintas autoridades encabezadas por el presidente de Xunta de Galicia, así como familiares de fallecidos. La celebración religiosa fue presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, acompañado de obispos de Galicia. En la su homilía el prelado se dirigió en primer lugar los familiares de los que murieron por  el coronavirus “desde el primer momento estuvimos a vuestro lado, compartiendo vuestro dolor. Fueron días de incertidumbre y de misterio en los que a veces la angustia dificulta encontrar la clave de la fe. Pero nuestros difuntos no son un número más de frías estadísticas”.Insistió en el recuerdo “afectuoso con la oración y mi cercanía para los afectados por el coronavirus u otra enfermedad, pidiendo su pronta recuperación”.

Habló  de la realidad de la pandemia que “nos impactó y nos descubrió signos de una humanidad que nos llenó de gratitud y de asombro. Agradecemos profundamente la generosa y eficaz colaboración del personal sanitario, de los capellanes de los hospitales, de la oración silenciosa de los monasterios, de quien tuvo que tomar decisiones en la vida pública, de quien garantizó los servicios esenciales, del voluntariado, de los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado y de tantas personas que no ahorraron esfuerzo hasta perder incluso su vida ayudando y acompañando a los contagiados y a los fallecidos. Estos fueron arrancados de nuestro lado por este torrente de muerte que nos sorprendió”.

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Pidió por el descanso eterno “para los que murieron y el consuelo para los que peregrinamos aún en este mundo, percibiendo que no tenemos dominio absoluto de la realidad para determinar el bien y el mal, y decidir el presente y el futuro, saliendo de nuestra burbuja en la que parecía que teníamos todo controlado”.

“Confiados en el perdón y en la justificación que Cristo nos ofrece, encomendéis nuestros hermanos a la compasión de Dios para que participen ya de la felicidad eterna. Dejamos su destino en sus manos con dolor y con paz. Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Estamos seguros de que el Santo Apóstol Santiago y nuestra Madre, la Virgen María, acompañaron a los fallecidos peregrinando con ellos hasta el Pórtico de la Gloria celestial”. Con estas palabras finalizó a su intervención el arzobispo

 

 

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