Fecha: 18/02/2018

EL ARZOBISPO PRESIDE EL ACTO DE DESAGRAVIO A LA VIRGEN MARÍA Y EL APÓSTOL SANTIAGO

En una Catedral repleta de fieles

El arzobispo, monseñor Julián Barrio, presidió una Liturgia de la Palabra, como acto de desagravio a la “Virgen María, nuestra madre, bajo la advocación del Pilar, y al apóstol Santiago, nuestro patrono y patrono de España, por las ofensas blasfemas que se les han hecho días atrás en el carnaval”. Insistió en que “ni este contexto ni una libertad de expresión mal entendida en modo alguno pueden justificar estas faltas del debido respeto a los demás y carentes de buen gusto”.

La ceremonia religiosa se celebró con una Catedral totalmente llena de fieles y en medio de un respetuoso silencio, el prelado agradeció la numerosa asistencia y animó a todos a testimoniar con humildad la fe en medio del mundo. El acto se inició con una introducción del canónigo José Fernández Lago, a la Liturgia de la Palabra.

Sociedad solidaria y esperanzada

Durante su homilía monseñor Barrio señaló que “manifestaciones como estas nos duelen, hieren nuestros sentimientos religiosos y nos hacen sufrir”. Reconoció que estas ofensas no aminoran un ápice la gloria y la felicidad que los santos ya viven en Dios Padre, “pero nosotros, peregrinos hacia la ciudadanía celestial, en comunión de relaciones profundas y misteriosas por la unión de todos los fieles en Cristo, queremos sentirnos cercanos y desagraviar como muestra de afecto eclesial y agradecimiento a María como madre nuestra y al Apóstol como amigo del Señor”

Monseñor Barrio constató que las corrientes laicistas están generando una cristianofobia que se manifiesta en los padecimientos de estos días: “Lo sufrió María junto a la cruz donde su Hijo murió por nuestra salvación y lo experimentó el apóstol Santiago porque Herodes quería silenciar la Iglesia, le manda degollar”.

Habló del intento de destrucción de la cultura cristiana que “nos ofrece valores e ideales suficientes y necesarios para la construcción de una sociedad solidaria y esperanzada, con vocación de unidad en el respeto a las propias identidades”.

El arzobispo hizo un llamamiento a recuperar la centralidad de la dimensión religiosa en la vida “que es lo que hace progresar integralmente al hombre: “Marginar a Dios no libera al hombre. El testimonio de la Virgen María y del apóstol Santiago nos indica que podemos vencer el miedo con la fe, el cansancio con la esperanza cristiana, y la indiferencia con el amor, superando nuestros deseos desordenados y siguiendo a Cristo, “camino, verdad y vida”. Finalizó diciendo que “la crisis de la conciencia y vida moral está afectando a las costumbres y principios inspiradores de la conducta moral y generando desconfianza”.

Tras la homilía del arzobispo, siguió un breve rito de petición de perdón y la recitación de las Letanías de la Virgen, con las que se acostumbra a terminar el rezo del Santo Rosario, en honor de Nuestra Señora del Pilar. La ceremonia concluyó con el canto del Himno del Apóstol Santiago.